Cómo vivimos…

Ahora más que nunca, la vida gira alrededor de nuestros equipos electrónicos. Es muy difícil pensar que, incluso por un par de horas, podamos estar sin usar nuestros teléfonos, tablets, o computadoras.

Nos despertamos muy temprano y lo primero que hacemos, es darnos la vuelta de la cama para agarrar nuestro teléfono. Revisamos nuestro correo y las redes sociales – como si algo espectacular hubiese pasado ahí las 8 horas que estuvimos inactivos -.

Entramos al baño a las 7:15 con nuestro teléfono, y lo conectamos al parlante bluetooth a prueba de agua para poder escuchar música. A la final, quién podría estar sin música mientras se ducha.

Salimos, nos vestimos, y a las 8:00, mientras desayunamos, leemos las noticias del día en nuestro iPad. ¿Cómo más podríamos estar enterados de lo que pasa en el mundo?

Es hora de trabajar, y a las 8:30 estamos listos para conectarnos en nuestras computadoras para atender la primera reunión del día por Zoom. Seguimos trabajando, y a las 11:00 es hora de tomarnos un descanso. ¿Qué hacemos? Vamos a nuestros grupos de amigos en WhatsApp a ver si alguien ha mandado un buen chiste.

Llega la hora de almorzar, pero… ¡Qué pereza cocinar! Es mucho más fácil y conveniente pedir un delivery por una de las aplicaciones en nuestro celular.

Finalmente, a las 19:00 cerramos nuestro computador, ¡es hora de relajarse! La mejor opción es prender la televisión, y ver nuestra serie favorita en Netflix hasta quedarnos dormidos.

Al siguiente día repetimos el proceso: así se ve la rutina normal en la era digital.

En esta ocasión no vamos a cuestionar si nuestra dependencia tecnológica esta bien o mal (o si es inevitable), pero sí a las consecuencias ambientales provocadas por renovar frecuentemente nuestros equipos, y qué podemos hacer al respecto.

El e-Waste es el legado tóxico de nuestra era digital. Nuestros desechos electrónicos están contaminando el agua potable y dañando los ecosistemas de todo el mundo.

Es hora de solucionar el problema.

A modo de contexto, en 2018 se fabricaron más de 1.5 billones de teléfonos, para poder cumplir con la demanda de renovación del mercado. Las estadísticas muestran que la persona promedio renueva su equipo cada 34 meses, y cuando lo hace, el 78% lo tira a la basura, no lo recicla.

Esto simplemente no es sustentable.

Cuando una persona bota un equipo, el 80% de su estructura es un desperdicio que acaba filtrándose en el medioambiente, incluyendo varios metales tóxicos como el mercurio y cadmio; que se usan para fabricarlos. Es lamentable, pero incluso cuando se los recicla, un 30% no puede ser recuperado y tiene que convertirse en desecho.

Lo peor es que producimos mucho desperdicio: más de 48 millones de toneladas de e-Waste cada año, lo que equivale a más de 200,000 aviones Boeing 747. Pero más grave aún, es que ese desperdicio, en su mayoría, acaba en depósitos de chatarra en los países más pobres del mundo; manipulado, muchas veces, por niños trabajadores sin los procesos de seguridad necesarios.

¿Cómo mejoramos este gravísimo problema?

Necesitamos hacer que los productos que ya tenemos duren un poquito más…

1. Estamos botando nuestros equipos sin necesidad

La mayoría de productos electrónicos son desechados porque las personas no saben cómo repararlos. No se les da una segunda oportunidad, así sea para venderlos o donarlos, por daños menores y baratos. Incluso, al crear la cultura de la reparación, es posible generar plazas de empleo adicionales en el ámbito técnico.

2. No tenemos suficientes recicladoras

Especialmente en países subdesarrollados, no existen recicladoras que se encarguen de los equipos electrónicos. En el Ecuador, cuesta mucho tiempo encontrar un sitio donde se puedan reciclar los componentes más delicados de los equipos, como las baterías de litio.

3. No nos tomamos el tiempo de darle una segunda vida a nuestro equipo

Al comprar un nuevo equipo, es indispensable darle una segunda vida a su antecesor, así no sólo reducimos el desperdicio electrónico en el mundo y ayudamos al planeta, sino que también les damos la oportunidad de acceder a la tecnología a muchas personas. Así, no sólo mejoramos la calidad de vida, también permitimos más oportunidades en la era digital para muchos.